
Mira a una serpiente deslizarse y parece que siempre hubiera sido así: un tubo de músculo perfecto, sin una sola articulación que delate un pasado distinto.
Pero hace unos 150 millones de años, durante el período Cretácico, los ancestros de las serpientes actuales tenían patas. Se parecían más a lagartijas alargadas que a lo que hoy reconoceríamos como una serpiente.
Y la razón exacta por la que las perdieron permaneció como uno de los grandes misterios de la biología evolutiva — hasta que un equipo de científicos del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley encontró algo asombroso escondido en 17 diminutas letras de ADN.
El “código de barras” que se rompió
Dentro del genoma de cualquier vertebrado con patas el tuyo incluido, existe una región específica del ADN encargada de activar el desarrollo de extremidades durante la formación del embrión. Los científicos la llaman ZRS, y funciona como un interruptor genético: cuando se activa correctamente, el cuerpo “sabe” que debe construir patas, brazos, aletas o cualquier extremidad correspondiente a su especie.
El equipo liderado por el genetista Axel Visel comparó esta región en serpientes y en otros vertebrados terrestres. Lo que encontraron fue revelador: en el ADN de las serpientes, faltan exactamente 17 pares de bases las unidades químicas que componen la “letra” del código genético que sí están presentes en animales con patas.
Para comprobar si esa ausencia era realmente la causa, hicieron algo que parece sacado de un experimento de ciencia ficción: insertaron material genético de serpiente en embriones de ratón. El resultado fue contundente los ratones desarrollaron extremidades visiblemente truncadas, incompletas. La pieza que faltaba en el ADN de serpiente era, efectivamente, la responsable de interrumpir el desarrollo normal de las patas.
Como explicó el propio Visel: “este es uno de los muchos componentes de las instrucciones de ADN necesarias para la fabricación de extremidades en los seres humanos y, en esencia, todos los demás vertebrados con patas. En las serpientes, se ha roto.”
¿Por qué la naturaleza “borraría” algo tan útil como las patas?
Aquí está la pregunta que de verdad importa: ¿qué ventaja evolutiva podría justificar perder algo tan fundamental como las extremidades?
La ciencia tiene dos teorías principales en competencia, y ninguna ha logrado consenso total todavía:
La teoría terrestre sostiene que los ancestros de las serpientes eran lagartos que comenzaron a adoptar un estilo de vida subterráneo o entre vegetación muy densa. En ese contexto, las patas dejan de ser una ventaja y se convierten en un estorbo literalmente, algo con lo que se enganchan al moverse entre raíces, grietas y madrigueras estrechas. Un cuerpo cilíndrico y sin extremidades se desliza con mucho más eficiencia en ese entorno.
La teoría acuática propone, en cambio, que las serpientes evolucionaron a partir de reptiles marinos. En el agua, las patas son cada vez menos útiles para el desplazamiento lo que realmente importa es un cuerpo alargado y ondulante, capaz de nadar con eficiencia. Bajo esta teoría, las serpientes habrían “regresado” después a tierra firme, ya sin extremidades.
Los fósiles encontrados hasta ahora apoyan parcialmente ambas teorías, lo que sugiere que la realidad podría ser más compleja que cualquiera de las dos explicaciones por separado.
Las pruebas fósiles que sostienen este relato
La evidencia no es solo genética también está literalmente petrificada en la roca.
En Brasil se descubrió un fósil con cuatro patas completamente desarrolladas, y en la Patagonia argentina otro con dos extremidades posteriores. Pero el hallazgo más fascinante en este sentido es probablemente Eupodophis descouensi, una especie fósil con características intermedias entre lagarto y serpiente.
Cuando los investigadores usaron tecnología de imágenes en 3D para examinar la roca caliza que rodeaba al fósil, descubrieron algo asombroso: el animal todavía conservaba estructuras del tobillo, aunque ya le faltaban por completo los huesos de los dedos. Es, literalmente, una fotografía congelada de la evolución a mitad de camino ni serpiente completa, ni lagarto completo.

Las serpientes que todavía cargan el recuerdo de tener patas
Aquí está uno de los datos más fascinantes para cualquier amante de las serpientes: no todas perdieron sus extremidades en el mismo grado.
Las boas y las pitones consideradas, en términos evolutivos, especies “menos avanzadas” dentro del árbol genealógico de las serpientes todavía conservan pequeños vestigios de patas traseras. Se llaman espolones anales, pequeñas protuberancias visibles cerca de la cola, que en realidad cumplen una función en el apareamiento.
En cambio, especies más “evolucionadas” como las cobras han perdido completamente cualquier rastro de esas extremidades. La diferencia es tan marcada que los científicos pueden rastrear el grado de “antigüedad evolutiva” de una especie de serpiente simplemente observando cuánto vestigio de pata conserva.
El giro que nadie esperaba: ¿Están las pitones recuperando sus patas
Esto es quizás lo más extraordinario de toda la historia. Según investigaciones más recientes, parece que la mutación que silenció ese interruptor genético no es completamente permanente en todas las especies.
En el caso particular de los pitones, los científicos han detectado que el gen relacionado con el desarrollo de extremidades conocido como Sonic hedgehog, parece haberse reactivado parcialmente. Esto explicaría por qué muchos pitones desarrollan pequeñas protuberancias visibles que salen de su cuerpo: rudimentos de extremidades intentando, de alguna forma, volver a formarse.
Ningún científico está sugiriendo que vayas a ver pitones caminando en tu vida o la de tus nietos los cambios evolutivos de este tipo ocurren en escalas de millones de años. Pero el hallazgo es una ventana fascinante hacia algo que pocas veces se observa de forma tan directa: la evolución no es necesariamente un camino de una sola dirección.
Por qué esto cambia la forma de ver a cualquier serpiente
La próxima vez que veas una serpiente deslizándose ya sea en un documental, en un terrario, o si tienes la suerte (o el sobresalto) de cruzarte con una en la naturaleza, vale la pena recordar que ese movimiento fluido y sin extremidades no es la forma “original” ni “natural” definitiva de este animal.
Es el resultado de un experimento evolutivo de cientos de millones de años: una pérdida genética puntual, dos teorías en competencia sobre su origen, fósiles que capturan el proceso a mitad de camino, y quizás lo más sorprendente de todo son señales de que ese capítulo evolutivo podría no estar completamente cerrado.
¿Te interesa seguir descubriendo los secretos evolutivos de estos reptiles? Explora nuestra guía completa de anatomía de las serpientes para entender cómo funciona cada parte de su extraordinario cuerpo.